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Hay instantes en que más que frases, necesitamos escuchar en el silencio, la presencia fiel del amigo que nos acompaña en el camino, respetando nuestro momento, no dice nada con palabras, pero nos ofrece su fidelidad estando ahí a nuestro lado, en silencio. Aveces el silencio es reproche, cuando surge del dolor que hemos ocasionado o que nos han causado; la respuesta suele ser un abismo de silencio que se hace cada vez más grande, sino hacemos algo para romperlo y acabarlo. El mismo Dios, nos habla de mil maneras en el silencio; pero se nos dificulta percibirlo por nuestras quejas y lamentaciones, el susurro de otras voces, la algarabía de una sociedad que se siente cada vez más vacía por todo aquello a lo que le da prioridad, dejando de lado lo que realmente es esencial para encontrar la paz que el Amigazo nos quiere regalar. Son muchas las emociones que propicia el silencio: paz, cuando nos permite reposar, respirar su calma, alejarnos del bullicio que nos atormenta y nos exige marchar a un ritmo que no queremos andar, porque exige ser lo que no somos, aparentar para agradar. Produce
nostalgia y nos hace llorar, cuando en el no podemos hallar la voz de
la persona que amamos y que ya no está; duele el silencio que no
acaba y queremos aplacar con una llamada, una carta, un detalle, una flor,
que nos hable de amor y amistad, nos diga directamente al corazón
lo que soñamos escuchar. El silencio no es mudo como creemos, dice
más de lo que con palabras se puede expresar, puede romperse con
tan solo su nombre pronunciar; es el espejo que alma utiliza para contemplarse
y conocerse más, es el que sabe inspirar porque nos deja contemplar
el susurro de la naturaleza que su belleza nos quiere mostrar; es también
el lenguaje de Dios que nos grita de mil formas, lo mucho que nos ha de
amar. Es hora de que escuches lo que el silencio hoy te quiere contar.
Por: Kary Rojas
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